Para el primer día teníamos reservada una visita guiada con Sandeman,
que opera en varias ciudades. El hecho de reservar por internet no
implica nada, si llegas más tarde de la hora acordada, le daran tu
puesto al primero que lo pida, con lo que lo único que importa realmente
es saber el punto de encuentro. El nuestro en concreto era la puerta de
Bradenburgo, y ahí se daban cita muchos guías, algunos de ellos
independientes y no tan masificados como los grupos de Sandeman.
Nosotros
decidimos en cualquier caso continuar con Sandeman y fue una buena
decisión, ya que nuestra guía resultó ser una apasionada de Berlín y con
talento natural para explicar las cosas, lo que hizo que la visita de
algo más de tres horas se nos pasará muy rápido. Ahora bien, hay que
tener presente que esa visita apenas sirve para introducir algunos de
los elementos del centro histórico.
Tomamos algo rápido
en un restaurante bajo las vías de la estación de Friedrichstrasse y de
ahí nos dirigimos hacia la isla de los museos, donde tuvimos la suerte
de encontrarnos el mercadillo de antigüedades que sólo está en fin de semana. Después de un rápido vistazo nos dirigimos bordeando el rio Spree hacia la catedral (entrada 7€), donde pudimos subir a la cúpula y admirar las vistas desde la misma.
Después
de la visita, entramos al contiguo hotel Radisson Blue para ver el
gigantesco acuario que tienen en el hall. Volvimos de vuelta a casa por
Oranienburgerstrasse, pasando por Hackeschermarkt, la sinagoga y la
famosa casa Tacheles, antigua casa okupa y centro cultural alternativo, hoy a la espera de ser transformada en hotel.
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