Hoy deberíamos haber empezado el día visitando el Reichstag, pero nos demoramos bastante en realizar la reserva de la visita guiada por Internet (no hay otra opción para visitarlo) y en el último momento nos la anularon, así que nos contentamos con dar un paseo por fuera.
Desde aquí nos dirigimos en el U-bahn a la isla de los museos, ya que a las once teníamos también reservada la visita al museo de Pérgamo. Conviene también realizar esta reserva, ya que las colas para entrar van de una a tres horas sin reserva. El precio de la entrada son 12€, y, si visitas más de uno de los museos que hay en la isla, puede salir a cuenta comprar la Berlín Welcome Card. El museo de Pérgamo necesita para él sólo unas dos-tres horas mínimo, ya que, aunque actualmente no se puede visitar el altar de Pérgamo, hay muchas otras maravillas que admirar, como la puerta de Ishtar o la entrada del mercado de Mileto.
Salimos del museo y nos dirigimos en metro hacia el norte, Gesundbrunnen, donde se ubica una de las atracciones que más me gustó de todo el viaje, el Berliner Unterwelten. Esta asociación se dedica a hacer rutas por el Berlín escondido y subterráneo, y en concreto se centra en la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría. Nosotros hicimos el tour El mundo en tinieblas (11€), donde visitamos un refugio antiaéreo de la Segunda Guerra Mundial. Los tours no se pueden reservar por anticipado, y existen tours en español. Muy cerca de allí el propio Berliner Unterwelten organiza otro tour a los restos de un Bunker antiaéreo, el de Humboldthain (tour 2).
Después de descansar un rato en nuestro apartamento nos dirigimos al barrio de Prenzlauer Berg, donde merece la pena echarle un vistazo a la Kulturbrauerei (una antigua fábrica de cervezas reconvertida a centro cultural). De lo que más me sorprendió paseando por este barrio fue una casa que estaba tal y como debió quedar después de la entrada de los rusos en 1945.
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